sábado, 30 de mayo de 2015

NOCHES DEL DEMONIO-

NOCHES DEL DEMONIO- (Inocencia Montes)

Aquella fué una noche de demonios sueltos.
Mi perro, Argos, seguía creyéndose descendiente del de Ulises y se hacía el valiente asomando su ladrido por la puerta de la perrera.
El viento se hizo indomable. El viento...ese traidor viento nocturno que dicen las viejas que vuelve loca a la gente.
Vibraban las jambas de las ventanas intentando proteger unas cortinas, que parecían temblar de miedo.
La cabellera de mi gato, que por algo se llama "pelanas-tor" estaba hecha un ovillo crespo en un rincón de la cocina; supongo que añorando alguna de sus tardes de sol en el tejado de la perrera.
Os juro que en ese instante vi batir una sombra contra los azulejos amarillos como ahora os veo a vosotros. ¡Ahg...que cruel es la soledad...te hace ver cada cosa!.
Temblé y cerré los ojos.
Otra vez amaneció por Oriente..¡menos mal!. Un día claro, como abril cuando acaba de llover, pero no era abril.
El "pelanas-tor", que es un gato blando, egoista y sobón donde los haya, arrastraba su cuerpo a la hora del desayuno entre mis piernas buscando una caricia miserable para su lomo.
En cuanto me sintió levantar el pie salió pitando. A veces lo ha hecho tarde y la patada que le cae es tan de corazón como los arrumacos que me dispensa. Cuando se libra, se pavonea satisfecho a corta distancia y cuando no...le hecha cuajo y me mira bufando con ojos acuasadores, como si estuviera herido de muerte y fuera a amortajarsse solo en alguna esquina del patio.
Un superviviente este gato mío. Intente bautizarlo con un nombre importante. Que mejor que "Terminator" que estaba tan de moda;  pero es tan desgraciao el pobre que se quedó con "pelanas-tor" que le pega más.
Ahora mismo sin ir más lejos, va a recibir una tunda como no se venga conmigo a ver que pasó anoche en la perrera de Argos, que dejó de ladrar sobre las cuatro de la mañana, y no le he vuelto a oir.
Yo comprendo, que salir con una bata guateada en pleno enero, jardín adelante no es muy digno...y si llevas un gato feo pegado a las zapatillas, menos.
Ahí estabamos, echándole a la mañana las tres "bes" como el torero...valor, voluntad y vuevos.
Cogímos aire a la vez al llegar a la puerta de la caseta de Argos. Yo me incliné bastante porque mi perro de grande solo el nombre. Allí lo ví, acojonao en un rincón.
Estiré la mano para tranquilizarlo con una caricia y con la otra busqué a "pelanas-tor" que se había portado tan bien.
De pronto, un portazo descomunal. La bata de "güatiné" no tiene bolsillos...¿donde coño iba a meter yo una llave?...¡maldita volada de aire!...¡maldito Argos por cobarde!...¡maldito "pelanas-tor" por repelente!.
Después de agotar todos los juramentos que se me ocurrieron, me incliné humilde a pedir asilo politico en la perrera y aguantar el frío un rato. Entonces decubrí porque Argos calló toda la noche. Había sangre en el suelo...¿quíen coño...?.
Me di la vuelta asustada y miré mi casa. Ví aquel ser, mirándome fijamente desde la ventana de mi cuarto...supe que no habría ventiscas, ni puertas cerradas, ni jardines inmensos que impidiesen cumplirse mi terrible destino.

Inocencia Montes