Lo sé...volveré pronto.
Se van exprimiendo los pechos. La tierra está como tarde de rebusco o mañana de repaso y escucho las batallas de los huesos por no ser mísero polvo. La tarde está vulgar, se sacude en telas de araña por las farolas. Allá lejos.
Heme aquí, seducida al silencio, suplicando lo único a lo que puedo aspirar...ser un árbol con ojos, trepar aire arriba, morir en el nido que mecen los aires más viejos, los que antes brisa...y volvieron.
Un poema no existe... si no existe un árbol que acoja en el nido a sus pájaros muertos y hormigas que arrastren la última pluma hasta algún hormiguero.
Es espantosa la pena sino transcurre más allá de pertenecer...a pertenecernos.
Inocencia Montes
