Llegar al delta...
Yo ya estoy de vuelta, me decía contento en su cama de hospital.
Venía
de la guerra. Llevaba cuarenta años viniendo de aquella guerra. Era nuestra todos la hacían propia " la guerra". Hablaba de ella en voz
baja con su compañero de habitación. De cama a cama separados por los
goteros, las sondas y las mesitas llenas de pastillas.
Me mandaban a por agua hasta el final del pasillo de la planta sexta y callaban cuando las enfermeras y yo aparecíamos en la puerta, ellas con el termómetro...yo con el agua innecesaria Si levantaran la cabeza...¡qué vergüenza!
Me mandaban a por agua hasta el final del pasillo de la planta sexta y callaban cuando las enfermeras y yo aparecíamos en la puerta, ellas con el termómetro...yo con el agua innecesaria Si levantaran la cabeza...¡qué vergüenza!
El
viaje más instructivo de mi vida ha sido dentro de aquel zamarro del
abuelo soldado.... Me puse veinticinco años exactos después de su muerte
aquella vieja prenda. Odiaba el frío, eso me lo dejo en herencia.
Apenas le quedaban orejas, se las había regalado en las trincheras, a
los sabañones, decía. El Roncal empapaba bien la sangre, decía también
algunas veces... en sueños.
A
la vuelta de Valencia compro un abrigo marrón con pelo por dentro
cuello alto y botones... Muchos. Abotóname hija abotóname...me pidió ,
años más tarde, cuando salíamos del hospital. Era octubre.
A finales de otro octubre, veinticinco años más tarde, me atreví a ponérmelo frente a un espejo.
Como dijo Ayn Tang " me
embriagué del color exacto de las naranjas maduras".
Olía a secretos, a
noches al raso a pedaladas de bicicleta, a petróleo en vasijas, a
carreras por las cuestas, a jabón de estraperlo.
Me vi tan sofisticada,
tan hecha, tan mujer que reconcilié de golpe con todos los engaños que
infligí y con todos los que me engañaron. Recordé aquella carcajada limpia que sonó por los pasillos del hospital, cuando vió como me miraba
con un muchacho de bata blanca de la planta quinta que lo visitaba a
diario ... " a ti te ronda ese pardal" me dijo. Y yo rabiosa le mande
una mirada asesina que le provocó una carcajada valiende, de hombre íntegro que sabe que
la vida continua a su pesar.
Luego tardan veintitantos años en volver y entonces tal vez sea yo la que haya llegado al delta de la vida. Gracias viejo.
Inocencia Montes
(Imagenes cogidas de la red. Se corregirá la falta de autor si este lo pudiese comunicar)

