jueves, 21 de septiembre de 2017


                               Llegar al delta...

Yo ya estoy de vuelta, me decía contento en su cama de hospital.
Venía de la guerra. Llevaba cuarenta años viniendo de aquella guerra. Era nuestra todos la hacían propia " la guerra". Hablaba de ella en voz baja con su compañero de habitación. De cama a cama separados por los goteros, las sondas y las mesitas llenas de pastillas.
 Me mandaban a por agua hasta el final del pasillo de la planta sexta y callaban  cuando las enfermeras y yo aparecíamos en la puerta, ellas con el termómetro...yo con el agua innecesaria Si levantaran la cabeza...¡qué vergüenza!
El viaje más instructivo de mi vida ha sido dentro de aquel zamarro del abuelo soldado.... Me puse veinticinco años exactos después de su muerte aquella vieja prenda. Odiaba el frío, eso me lo dejo en herencia. Apenas le quedaban orejas, se las había regalado en las trincheras, a los sabañones, decía.  El Roncal empapaba bien la sangre, decía también algunas veces... en sueños.
 A la vuelta de Valencia compro un abrigo marrón con pelo por dentro cuello alto y botones... Muchos. Abotóname hija abotóname...me pidió , años más tarde, cuando salíamos del hospital. Era octubre.
 A finales de otro octubre, veinticinco años más tarde, me atreví a ponérmelo frente a un espejo. 
Como dijo Ayn Tang " me embriagué del color exacto de las naranjas maduras".
 Olía a secretos, a noches al raso a pedaladas de bicicleta, a petróleo en vasijas, a carreras por las cuestas, a jabón de estraperlo. 
Me vi tan sofisticada, tan hecha, tan mujer que reconcilié de golpe con todos los engaños que infligí  y con todos los que me engañaron. Recordé aquella carcajada limpia que sonó por los pasillos del hospital, cuando vió como me miraba con un muchacho de bata blanca de la planta quinta que lo visitaba a diario  ... " a ti te ronda ese pardal" me dijo. Y yo rabiosa le mande una mirada asesina que le provocó una carcajada valiende, de hombre íntegro que sabe que la vida continua a su pesar.
Hoy temo pestañear, y que se me vuelva a ir los recuerdos, el olor y los ideales.
Luego tardan veintitantos años en volver y entonces tal vez sea yo la que haya llegado al delta de la vida. Gracias viejo.

Inocencia Montes

(Imagenes cogidas de la red. Se corregirá la falta de autor si este lo pudiese comunicar)

viernes, 13 de enero de 2017

 DRIADA...




 Lo sé...volveré pronto.
Se van exprimiendo los pechos. La tierra está como tarde de rebusco o mañana de repaso y escucho las batallas de los huesos por no ser mísero polvo. La tarde está vulgar, se sacude en telas de araña por las farolas. Allá lejos.
Heme aquí, seducida al silencio, suplicando lo único a lo que puedo aspirar...ser un árbol con ojos, trepar aire arriba, morir en el nido que mecen los aires más viejos, los que antes brisa...y volvieron.
Un poema no existe... si no existe un árbol que acoja en el nido a sus pájaros muertos y hormigas que arrastren la última pluma hasta algún hormiguero.
Es espantosa la pena sino transcurre más allá de pertenecer...a pertenecernos.

                                                                                   Inocencia Montes