domingo, 17 de junio de 2018

A RASTRAS LLEVO... MI ARMADURA.





Aquí arriba hallé el lugar donde están escritas todas las leyendas desde el principio de los tiempos. Quisiera atravesar con los ojos la roca...que mis  retinas tuviesen un taladro de punta de diamante con broca pequeña para hacer el paso imperceptible.
Reconozco los lugares. Creo que estos pedregales guardan culebras iguales a la  que yo tengo bajo mi cama. Le hecho de comer pensamientos grandes como ratas cada noche, hasta que no me queden fuerzas y se sienta obligada a envenenarme. La llamo Corza  igual que podría llamarla  María...
Cierro los ojos, contengo la respiración y me quedo quieta bajo los alerces, he de  escuchar el aleteo de la nieve que no soportan sus ramas desnudas y cae sobre mi pelo. 
La magia, el truco y el mago vuelven aquí a soplar confiando en la suerte.
Silva la brisa por  los valles y me parece escuchar con claridad, el Lohegrin de Vagner ...tengo la impresión, al igual que Elsa, que hay una sola pregunta que nunca debo realizar.
Reanudo camino y charla interrumpida, con alpinistas que despeñaron miserias y grandezas por trazar senderos seguros hasta la cima. No sé cómo...agradecerles la valentía por mostrarme tanta belleza.

De poder ser otra cosa hoy... quisiera ser propiedad de una leyenda. Quedarme en custodia hasta redimir el valor de la armadura que arrastro siempre monte arriba. 
                           
  Insisto...esta ronda es mía. 


                                 Inocencia Montes.