Hoy crecen pastizales donde hubo pechos de madres amamantando bajo las varillas del carro.
Irreverentes
ante el color de los pueblos desgreñados, pasean sus botas caras por
las calles que desgastaron las ruedas de los remolques, las herraduras
de las caballerías y las galochas.
- ¿Podéis decirme si la habéis visto?
- ¿A quién señora?
- A una chiquilla que yo di al mundo y la mandé bajar del pueblo por aquel camino...¿la habéis visto?
Abrazada a sí misma huele a ropa vieja y a un mundo limpio. Camina y mira, cómo las mujeres del campo, de frente y sin cintura.
- ¿ Y padre tenía...? El más idiota del grupo siempre lleva una mochila, o un niño tonel sobre los hombros.
- Pues claro hijo...está allí. Señala una cruz molida a inviernos del cementerio.
- ¿Y se llamaba?
- Se llama hijo...mientras su mujer y su hija vivamos...se llama. Sacrificio Morales.
-Se
hace de noche señora, nos tenemos que ir a la casa rural...( la
disculpa de los ratones para huir es que la gata siempre fue más lista).
Ella agacha la cabeza y sonríe...
-
¿Casa rural?...¿que es eso?. Mira fijamente a la última mujer del grupo
que con los ojos bajos contempla avergonzada el suelo tras unas enormes
gafas de sol.
-
Si la veis decidle que no vuelva, que se compre unas botas caras y una
venda para los ojos, como las vuestras...que camine sin ver...pero que
aquí no vuelva. Decidle, si es preciso, que todo su clan ha muerto...que
su madre ya no la espera.
Se
da la vuelta despacio, camina con el extraordinario poder que da el
llevar tierra bajo las uñas. Mientras, me quito mis grandes gafas de
sol y dejó caer una lágrima humilde y un grito desgarrador...
- ¡Mama!


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