CUENTO DE NAVIDAD
La zorra del infante
-¡Era un hombre decente! – Dijeron de él los perros de la
finca cuando murió.
-Nunca se olvidó de darnos los desperdicios de la comida.
-¡Era un aprendiz de tirano…! –dijo una zorra que merodeaba
siempre por aquellos dominios buscando una oportunidad de comer entre las
gallinas.
-Vosotros, incluso después de muerto, sois de su propiedad y
ya siempre echaréis de menos un amo que os dé las sobras.
Los perros del infante se revolvieron inquietos encerrados
en sus jaulas y comenzaron a ladrar haciendo mucho ruido.
Otros grupos de perros de las fincas colindantes siguieron
ejemplo, y así se extendió un ladrido general de perros sumisos por todo el
país.
-Al menos nosotros… – dijeron saliendo de la jaula al jardín
– somos perros de raza y pertenecemos a un infante; un hijo de rey…
- Hasta esa verdad os negaron. Vuestro infante no era hijo
de nadie de raza…ni de un rey. Era un hijo de la infantería. Un militar también
amaestrado.
Los perros asustados empezaron a callar y sus ladridos
rabiosos se convertían poco a poco en simples aullidos.
-¿Y ahora que será de nosotros? Se acerca la Navidad y no
tendremos una comida especial, no habrá carreras felices, ni siquiera dentro de
la verja del jardín. Nadie nos pondrá una nueva correa bonita con una chapa a
nuestro nombre, ni tendremos perreras nuevas cuando esté contento… ¿Qué será de
nosotros sin amo?
La zorra se alejó cabizbaja en dirección a su bosque oscuro
y solitario…pero libre. Pensaba lo fácil y tranquilo que sería pertenecer a un
colectivo de algo.
De camino se cruzó con un coche grande, de esos que hacen
mucho ruido. Su instinto desconfiado la obligaba a huir pero le echó carácter y
se refugió tras unas matas de la cuneta. Así pudo ver conduciendo, al nuevo
dirigente de la finca. Sus pequeños ojillos se alegraron cuando reconocieron
tras el volante una piel como la suya.
-¡Al fin las cosas van a cambiar para bien!- se dijo
eufórica y feliz a punto de salir de su escondite dando saltos de contenta.
Solo entonces pudo fijar su visión y ver la realidad. La
piel era un abrigo que cubría un cuerpo de mujer y en el asiento de atrás
llevaba una escopeta y munición de caza.
Se quedó quieta por la decepción y miró triste las ventanas
de la casona donde se encendían y se apagaban las luces de un árbol de Navidad.
Tentada a renunciar giró sus patas en dirección a la verja.
Allí los perros la miraron con ojos de incomprensión.
Miró al bosque; su bosque solitario oscuro y sin guirnaldas
ni luces de Navidad en los árboles.
-¡Nunca fui yo la zorra del infante! – Pensó - ¿para qué
seguir luchando por la libertad?
-¿Y ahora…?- dijo bajito el perro más viejo y
discreto…el que nunca ladró al otro lado de la valla.- ¿vas a ser ahora…la
zorra, de la zorra del infante?. ¡Corre!...corre a tu bosque, ten mucha
descendencia libre. Enséñales a abrir verjas…y vuelve a por nosotros.Inocencia Montes
(Imagen cogida de "reinoanimali.wikia.com)

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